Tercer día en la ciudad más loca que conocemos. Aprovechado al máximo, como los anteriores, o más!
Noé me dice que tengo todo el tiempo cara de venado deslumbrado por los faros de un coche en plena noche, pero es que no dejo de sorprenderme con cosas como perros subidos en motos, marañas de cableado surcando la ciudad, casas al borde del río que se caen a trozos con hoteles de 5* estrellas al lado... olores a especias que me suenan vagamente, un tráfico denso nunca visto donde toda clase de vehículos y personas pelean por avanzar...
Me parece fascinante, la verdad, esta ciudad es tan sorprendente que por un lado necesito salir de ella para respirar aire puro del campo y a la vez no quiero irme, necesito entenderla un poco más y pasear tranquilamente por sus callejuelas, probar el pad thai en cada puesto, desayunar sopa de noodles cada mañana y beber smoothies de frutas hasta caer redondos. Una locura adictiva.
Hoy hemos salido del hotel a las 7.30 de la mañana para visitar el Palacio Real y el Templo del Buda reclinado y cual ha sido nuestra sorpresa al cambiar la ruta para llegar al skytrain y encontrarnos un mercado local abarrotado de thais desayunando pinchos a la brasa, noodles, todo tipo de frutas, sopas... un puesto de comida cada medio metro compiten con puestecillos de ferretería, ropa interior y artículos de lo más variopinto. Nos ha alucinado que aprox 1 de 4 o 5 lugareños vistiera la camiseta azul del equipo de fútbol del Chelsea, hasta les hemos hecho unas fotos disimuladamente, creemos que es el uniforme del Banco de Bangkok porque lo patrocinan o algo así.... cosas curiosas de esta ciudad.
Después de un paseo en barco por el río hemos llegado al Palacio Real donde nos hemos vestido convenientemente para la ocasión (Noé con pantalones alquilados super feos juasjuas) y hemos podido apreciar la locura thai con el dorado, brilli máximo y teselitas de colores. Reconozco que espectacular se queda corto para describirlo. Deslumbrante. Todo es tan bonito que por muchas fotos que hiciésemos ninguna le hacía justicia (ya sabéis, hay que venir a verlo!). Eso sí, nunca hemos pasado más calor en la vida. Una explanada al sol, brutal... a media mañana hemos hecho una parada para beber algo (por fin he probado los cocos verdes!!!) y luego seguir con el Wat Pho o Templo del Buda reclinado. Una monstruosidad de Buda dorado gigante que casi me hace gritar al verlo. No sé cuánto puede medir, le he preguntado a Noé y me ha dicho que un cojón y medio. Gigante.
Agotados, nos hemos arrastrado a la Escuela de medicina tradicional tailandesa, donde nos han dado un masaje thai de una hora que ha parecido de 3, porque he tenido que apretar los dientes para no gritar, qué barbaridad, tan pequeñas y con tanta fuerza, vaya paliza. Eso si, hemos salido renovados y sin una sola contractura. Me ha costado un rato reanimar a Noé que se ha quedado en una nube agustete y feliz.
Y con esa felicidad nos hemos venido arriba para probar oootro pad thai y una ensalada de papaya verde deliciosa en unos puestecillos con un glamour nunca visto (adjuntamos fotos) eso si, todo calidad ;)
Tras la comida otro barco y a China Town, tal cuál lo veis en las pelis de Resacon en Tailandia, Venganza en Bangkok, etc. Callejuelas abarrotadas, tiendas de todo lo que te puedas llegar a imaginar, neones, cables colgando por tooodas partes, gatos, perros, motos, templos hiper recargados en lugares insospechados... abrumador. He tenido el síndrome de Stendhal pero al revés. Noé ha tenido que sacarme de ahí a rastras porque no podía dejar de hacer fotos a todo con la cara de venado deslumbrado por los faros de coche. Tampoco podía dejar de entrar a curiosear en todas las tiendas de cosas super monas de gatitos manga y peluches del bicho este chino, Rilakumma... un horror. Por cierto la última moda en China Town son las gomas del pelo de los 80, esas gordas de terciopelo y brillantitos, nunca había visto tanta variedad. Incluso he estado a punto de comprarme un par de ellas por si alguna egoblogger loca las vuelve a poner de moda... ;p
Y después de todo esto aún nos ha dado tiempo a un baño en la piscina del hotel, hiper relajante, con jacuzzi incluido.
Para acabar el día habíamos pensado ir a un restaurante thai que recomendaba la Lonely Planet pero tras caminar un buen tramo y no encontrarlo, nos animamos a probar un chiringo con muy buen ambiente local. Es increíble, están en plena calle pero tienen instalado hilo musical, ventiladores... todo enganchado a uno de los millones de cables que pasan por ahí colgando. El caso es que los thais se ponían gordacos a comer y nos hemos decidido. La cosa ha sido complicada porque allí ni dios hablaba inglés, pero hemos conseguido pedir un arroz y otra cosa q no teníamos muy claro lo que era. A partir de ahora lo llamaremos "la olla caliente". Ha sido una experiencia de las más curiosas que hemos vivido hasta ahora. No teníamos ni idea de qué hacer con todo aquello q nos han traído, un popurri de hojas de jardin, noodles sin cocer y un huevo en un barreño de plástico, cerdo marinado, una especie de lechuga... y una barbacoa. Ah! Y una jarra con caldo. Hemos tirado de imaginación y ha salido una cena deliciosa, eso sí, casi nos da un jamacuco con los 50 grados que se han debido montar ahí con las brasas...
Y ahora... pasen y vean! Las fotos de todo esto! :D
Buenos días! Hemos leído tu blog, nos encanta como cuentas las cosas! Da gusto leer lo que escribes, no sólo por la experiencia tan fantástica que estáis viviendo sino por como lo cuentas! Nos encanta leerte cada noche es como tenerte más cerca. Seguir disfrutando y sigue escribiendo para que disfrutemos nosotros también! 😘😘😘
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ResponderEliminarSi ya tenia ganas de ir, ahora me muero!! Yo tambien quiero ser adicta a las sopas y a los pad thai, gritar al ver un Budha de "cojon y medio" y abrumarme en China Town. Leerte es como estar alli. Un beso enorme superhermana!!
ResponderEliminarEstoy pensanfo mandaros mi hombro para que le pegue un masaje Tailandes haber si consigo curarlo
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